Wednesday, January 29, 2020

La invasión de los ultracuerpos

Este artículo contiene spoilers, no leer si no se quiere conocer partes esenciales de la trama de la película.

Unos organismos que tienen la particularidad de crear copias exactas de otros seres, llegan a la Tierra y poco a poco comienzan a replicar a los habitantes de San Francisco.

SEGUNDA INVASIÓN
Fue idea del productor Robert H. Solo (Colors) realizar un remake de La invasión de los ladrones de cuerpos (1956) de Don Siegel, que a su vez era una adaptación de la novela "Los ladrones de cuerpos" de Jack Finney publicada en 1955. La intención de Solo era actualizar la historia y que tuviera lugar en los 70. Para ello se hizo tanto con los derechos de la película de Siegel, como los de la novela. Algo que requirió 3 años y 10.000 dólares, que pagó de su propio bolsillo. Así germinó La invasión de los ultracuerpos (Invasion of the Body Snatchers, 1978).
Solo contrató al guionista W.D. Richter (Golpe en la pequeña China) y al director Philip Kaufman (Elegidos para la gloria) para llevar adelante el proyecto. Además llegó a un acuerdo con Warner Bros. para producir una película de bajo presupuesto.
Kaufman era originalmente el director al cargo de la primera adaptación al cine de Star Trek, con Star Trek: Planet of the Titans, pero poco antes de iniciarse su rodaje se canceló el proyecto (que posteriormente sería llevado al cine por Robert Wise con un guión distinto), y tras ese suceso en mayo de 1977, Kaufman se metió de lleno en rodar el remake del film de Siegel.
Aún así, inicialmente tuvo dudas sobre si aceptar el proyecto, pero la obra de Finney le hizo cambiar de opinión. "Leí el libro original," explicaba Kaufman. "Y había cosas en él que realmente no habían sido exploradas en la primera película, particularmente, la evolución de las vainas es mucho más detallada en mi versión. Debido a que estoy interesado en la ciencia ficción, pensé que había una oportunidad de ampliar algunos de esos elementos." Después de hablar con Siegel, se convenció de hacer el remake.
Richter fue contratado inicialmente para hacer una reescritura del guión original durante cuatro semanas. Pero como no existía el guión de la película del 56, ya que estaba perdido, Richter trabajó con una transcripción escrita a máquina de la película. Al final le llevó aproximadamente nueve meses completar el libreto, algo que hizo durante toda la producción, ya que lo fue reescribiendo durante el rodaje.
El primer borrador situaba la historia en un pequeño pueblo como en la película original. Ese guión se presentó a la Warner y fue rechazado, siendo de esta forma cancelado todo el proyecto. Esto coincidió con una serie de cambios de personal en el estudio, y a las nuevas incorporaciones no les interesó la película. Kaufman le entregó el mismo guión a la United Artists y aceptaron hacerse cargo del proyecto en tan solo 36 horas. Seguro que ayudó que el vicepresidente a cargo de la producción fuera también el agente del director, Mike Medavoy.
Pero los responsables de la película no estaban convencidos de situar la historia en un pequeño pueblo, creyendo que en 1978 debía estar ubicada en una gran ciudad. Le presentaron esa idea a la productora sólo seis semanas antes de comenzar la fotografía principal, por lo que Richter tuvo que escribir un nuevo guión en ese plazo de tiempo. "Fue una decisión importarte. Quizás crucial," declaraba el guionista. "La historia es mucho más emocionante y provocativa cuando se desarrolla en un núcleo urbano." Ese cambio de emplazamiento no les puso las cosas fáciles a sus responsables. "En un pequeño pueblo es fácil cerrar una carretera y cortar los cables del teléfono, pero en una gran ciudad hay muchas salidas," explicaba Kaufman. "Tuvimos que mostrar la verosimilitud de la invasión."

REPARTO
Todos los actores principales aceptaron participar en la película sin haber leído el guión, al parecer Kaufman los convenció de unirse al proyecto después de horas de conversación con ellos. "Contribuyeron a sus propios personajes y al guión de muchas maneras significativas," afirmaba el director. "Fue algo muy orgánico."
Así se juntó a un interesante reparto donde podemos ver caras tan conocidas como las de Donald Sutherland (Matthew Bennell), Brooke Adams (Elizabeth Driscoll), Jeff Goldblum (Jack Bellicec), Veronica Cartwright (Nancy Bellicec), Leonard Nimoy (Dr. David Kibner), Art Hindle (Dr. Geoffrey Howell) y Lelia Goldoni (Katherine Hendley). Según contaba Kaufman, ninguno de los actores había visto la película original.
Mike Medavoy fue quien propuso el nombre de Sutherland para dar vida al protagonista. El personaje de Matthew inicialmente era un músico de jazz, pero en siguientes versiones del guión pasó a ser un inspector de sanidad, como se ve en la película.
Tras cancelarse su película de Star Trek y habiendo colaborado en ella con Leonard Nimoy, Kaufman decidió darle al actor el papel de psiquiatra David Kibner. El eterno Spock pudo realizar un papel diferente al que le había dado fama. "Leonard estaba encasillado y esta película fue un intento de cambiar su registro," explicaba Kaufman.
Sutherland cobró un sueldo estimado entre los 200.000 y los 300.000 dólares. Mientras que Adams, Goldblum y Nimoy recibieron un cheque de 25.000 dólares.
La película cuenta con unos curiosos cameos. El que más llama la atención es el de Robert Duvall, quien se encontraba en San Francisco durante el rodaje de la película y aceptó realizar su cameo como sacerdote, simplemente a cambio de una chaqueta Eddie Bauer que le dio Solo. El actor ya había trabajado con Kaufman en Sin ley ni esperanza (1972) y eran amigos.
Podemos ver a Don Siegel como el taxista que recoge a Matthew y Elizabeth.
Y causalidades de la vida, cuando Kaufman se reunió con Siegel en su oficina para hablarle del papel, en ese momento apareció por la puerta Kevin McCarthy, protagonista de La invasión de los ladrones de cuerpos, quien sólo iba a estar en Los Angeles un día y se pasaba a saludar a Siegel. Y de ese encuentro fortuito surgió la idea de que McCarthy también hiciera un cameo en la nueva película. Kaufman quería que el actor también hiciese su escena gratis. "Kaufman dijo, 'Ey, ¿por qué no vienes a hacer este papel? Te daremos billetes de avión, te pondremos en un hotel agradable y te daremos una buena cena'," recordaba McCarthy. Kaufman alegaba que se trataba de una película de bajo presupuesto para no pagarle, pero el actor se negó a trabajar gratis, y al final consiguió recibir un sueldo.
El propio Kaufman aparece en dos ocasiones en la película, la primera como el hombre que golpea el cristal de la cabina telefónica en la que se encuentra Matthew, y la segunda como la voz de uno de los oficiales con los que habla Matthew por teléfono.
El director de fotografía de la película, Michael Chapman, también tiene un cameo, es el hombre que limpia los suelos en el Departamento de Sanidad. Como vemos, todo quedó en casa.

RODAJE
La fotografía principal tuvo lugar entre el 19 de febrero de 1978 y el 29 de abril del mismo año, con un total de 49 días de rodaje. Toda la película se rodó en localizaciones de San Francisco.
Antes de empezar a rodar, los actores tuvieron cuatro o cinco días de intensos ensayos, ya que como comentaba antes, no habían leído el guión. Kaufman les dio una gran libertad y les permitió que aportaran cosas a sus personajes. Por ejemplo, fue idea de Nimoy que su personaje llevara un guante, ya que un amigo suyo había tenido que utilizar uno para cubrir una quemadura de su mano, y además le daba al personaje un aspecto más distintivo y reconocible. Tampoco estaba en el guión el momento en que Brooke Adams hace girar sus ojos durante la cena con Sutherland, fue algo que surgió en el momento. "Le dije, 'Brooke, ¿qué podrías hacer durante la escena? ¿Hay alguna cosa?'," recordaba Kaufman. "Y ella hizo girar sus ojos en broma. Si te fijas, giran en direcciones opuestas. Es una especie de proeza humana asombrosa, algo que los humanos pueden hacer, y harían, y las vainas no."
Fue un rodaje sin demasiados problemas, aunque un par de accidentes casi hicieron peligrar el buen discurrir del mismo. Sutherland fue atropellado por un Volkswagen escarabajo rodando una escena en la que su personaje y el de Adams corren. El actor cayó sobre el parabrisas y pudo ver al conductor diciendo, "¡Oh, Dios mío! ¡Tú no!".
Pese a eso, Sutherland insistió en realizar personalmente todas sus escenas de riesgo. En el clímax, cuando huye por el techo de la fábrica de vainas, el actor realizó la escena sin cables o arneses y salió bien parado. Quien no corrió la misma suerte en dicha escena, fue un extra a quien alcanzaron las llamas de una de las explosiones. Estaba un poco borracho y no hizo caso a las advertencias de seguridad que le habían indicado. Pese a quedar cubierto por las llamas, volvió al set al día siguiente tan solo con una mano vendada y quiso repetir la escena.
Sutherland y Adams lo pasaron realmente mal al rodar el cameo de Don Siegel como taxista. El director había perdido gran parte de su visión por aquel entonces y conducía por las oscuras calles de San Francisco sin sus gafas.
Aquellas escenas en que la cámara sigue a los actores por las calles de San Francisco se rodaron estilo guerrilla, ocultaron la cámara bajo ropa y no avisaron a nadie de que estaban rodando una película, consiguiendo así unas escenas que rezuman autenticidad.
Uno de los momentos más recordados de la película es su final, lo curioso es que la mayoría del equipo no sabía cual era. Sólo lo conocían aquellas personas involucradas directamente en el rodaje de la escena. Ese secretismo fue tal que, incluso uno de los miembros del equipo ofreció 100 dólares a quien se lo contase. El famoso final se filmó a mitad de rodaje y como Sutherland no sabía cual era, Kaufman tenía miedo que el actor se echara atrás al descubrirlo, pero cuando se lo contaron antes de rodarlo, "Donald simplemente se rió y dijo: '¡Oh, qué bueno!'," recordaba Solo. Veronica Cartwright no lo supo ni siquiera en el momento de rodarlo y su reacción al descubrir que Matthew es un alien es real. El secretismo llegó a tal punto, que ni los propios ejecutivos del estudio lo conocían y lo descubrieron cuando vieron por primera vez la película en casa de George Lucas.
Pero la anécdota más recordada del rodaje la protagonizó Kevin McCarthy, mientras ensayaba en la calle su escena en la que choca contra el coche de Matthew, un vagabundo desnudo que rondaba por el lugar se acercó al actor y le preguntó si estaban rodando una nueva versión de La invasión de los ladrones de cuerpos, y a continuación le dijo, "La primera era mejor." McCarthy no pudo evitar partirse de risa.
La invasión de los ultracuerpos cuenta con un equipo técnico excelente. Como el gran Ben Burtt (La guerra de las galaxias), encargado de los revolucionarios efectos de sonido de la película. Si uno se fija con atención, verá como conforme avanza la película, los sonidos ambientales de tipo natural, como el canto de los pájaros o los grillos, se desvanecen, y se pasa sólo a oír ruidos mecánicos como camiones de basura o sirenas. Burtt obtuvo el sonido del crecimiento de las vainas grabando un ultrasonido de su mujer embarazada. Y el grito de la gente vaina lo tomó de chillidos de cerdo mezclándolos con otros elementos.
La película hace gala de unos efectos especiales de lo más sutiles. Uno de los efectos en apariencia más complejos fue en realidad muy sencillo de realizar, aquel que muestra las esporas viajando a la Tierra a través del espacio. "Encontré un material viscoso en una tienda de arte, creo que pagamos 12 dólares por un gran tonel," recordaba Kaufman. "Y entonces lo echamos en líquidos e invertimos la película. No teníamos ningún tipo de capacidad digital por aquel entonces." El resultado es sorprendente y totalmente creíble.
Y los sorprendentes efectos de maquillaje fueron obra de Thomas Burman (Los fantasmas atacan al jefe) y Edouard F. Henriques (La celda). Además de la creación del nacimiento de las vainas en copias humanas, hicieron posible la aparición de un perro con cabeza humana. Para realizar ese recordado momento, se fabricó una máscara con la cara del actor Joe Bellan, que se puso al perro, y el toque final para hacerla más realista fue ponerle algo en los labios para que el animal lo lamiera. Sólo hay que decir que el resultado es aterrador.
Kaufman era fan del pianista y compositor de jazz Denny Zeitlin, y le pidió que compusiera una banda sonora de jazz cuando aún estaban escribiendo el guión, y el personaje de Matthew todavía iba a ser un músico. Con el cambio en la profesión del protagonista, cambió también el estilo musical de la película, y el estudio quiso una partitura clásica. Zeitlin tuvo que convencer a Kaufman y Solo de que podía hacerlo, el músico siempre había soñado con componer para una orquesta sinfónica y ésta era una oportunidad única para él. Zeitlin tuvo sólo 10 semanas para componer la banda sonora, trabajando en jornadas de 18 y 20 horas al día. Fue la única banda sonora que creó en toda su carrera.
Durante el rodaje, varios ejecutivos de la United Artists se marcharon para formar Orion Pictures, pero en lugar de repetirse una situación similar a la vivida con la Warner, con el rechazo hacia la película por parte de los nuevos ejecutivos que ocuparon los puestos de la United Artists, estos estaban encantados con ella, sobre todo porque tras el retraso en el estreno de Apocalypse now (1979), La invasión de los ultracuerpos se convirtió en su película para las navidades de 1978.
La película llegó a las salas de cine el 22 de diciembre de 1978, y resultó ser un éxito de taquilla gracias una recaudación en territorio norteamericano de 24.946.533 de dólares. Su presupuesto era de 3.500.000 de dólares.

VALORACIÓN
La invasión de los ultracuerpos nos habla de la deshumanización de la sociedad. El mundo de los body snatchers es uno en el que la gente no quiere relacionarse, ni mostrar sus sentimientos. Un mundo tan real en los 70 como a día de hoy. Por eso la película sigue estando tan vigente.
La película es además un claro reflejo de la paranoia reinante en los 70, mostrando un mundo en el que ya no puedes confiar en nadie. De esta forma sigue la corriente de films de la década sobre la conspiranoia, como El último testigo (1974), La conversación (1974), Los tres días del Cóndor (1975) o Capricornio Uno (1977), síntoma del malestar de la gente en esa época, cuya desconfianza era reflejada en la pantalla.
Esta invasión que propone la película es pausada e invisible, por eso resulta tan fascinante, aquí no hay naves espaciales ni la destrucción de grandes ciudades. Y lo mejor es que Kaufmann la narra con todo lujo de detalles y de una forma orgánica, desde como las esporas viajan de un planeta moribundo hasta la Tierra, pasando por como germinan y como poco a poco se van haciendo con la gente (mostrado simplemente con un cada vez más extraño comportamiento de las personas).
El buen pulso del director es el que lleva la historia a buen puerto. Me encantan esos planos cámara en mano siguiendo a Sutherland por las calles de San Francisco, que reflejan la ansiedad del personaje y la tensión de la historia.
La idea de la copia y la doble identidad se refleja en la puesta en escena de Kauffman, quien recurre en varias ocasiones al uso de espejos para mostrar ese mundo duplicado y su extraño reflejo (como en la escena de la fiesta en la que el reflejo de las caras de Sutherland y Goldblum está deformado).
Y es que la película está llena de detalles sutiles. Elizabeth se despierta y se encuentra a su marido limpiando el suelo de la habitación, lo que nos cuenta el director en una elipsis, es que éste ya ha sido copiado durante la noche por la planta que tenían en la mesilla. En otra escena, Matthew no puede matar a la copia de Elizabeth porque esta enamorado de ella, así que prefiere destruir su propia copia. Se muestran a lo largo de la película camiones de basura que no parecen tener relación con la historia, hasta que descubrimos que se utilizan para recoger los restos que quedan de los cuerpos humanos.
Y plantea temas interesantes, cuantas veces nos ha pasado que una persona a la que creíamos conocer de pronto cambia y ya no es la misma, la película lleva esa idea al límite en un manto de ciencia ficción. Las copias surgen durante el sueño, son en el fondo una pesadilla que se vuelve real, y al mismo tiempo representan los miedos de la gente. Por otra parte, Nancy para poder sobrevivir tiene que hacerse pasar por un ser sin alma, sin sentimientos. Sólo así se sobrevive en el mundo moderno. La visión de la sociedad que da la película es escalofriante.
El cameo de McCarthy crea una doble idea, puede que se trate de un sencillo guiño a la película original o bien que esta La invasión de los ultracuerpos sea una secuela del film del 56, y McCarthy lleve desde entonces advirtiendo a la gente que la amenaza que nos rodea. Kaufman crea así una película deudora del film de Siegel y al mismo tiempo respetuosa con ella.
Aunque si tengo que escoger entre ambos films, me quedo con el de Kaufman, me parece más atemporal y atractivo. Podemos considerarlo uno de los mejores remakes jamás realizados, de los pocos que superan a la película original, hito a la altura de La cosa (1982) y La mosca (1986).
La revelación de que Matthew es una copia, es ya un clásico de la ciencia ficción y del terror. Es el final perfecto, el mejor que se me ocurre para esta gran película, que nos demuestra que en La invasión de los ultracuerpos no cabe la posibilidad de un final feliz.
La película no está falta de momentos aterradores, como demuestra la mítica escena del perro con cabeza humana o cada vez que una persona vaina grita apuntando con el dedo (que a día de hoy sigue poniendo los pelos de punta).
Otro de los atractivos de la película es que todo sucede en una ciudad tan fascinante y atractiva como San Francisco (en plena era new age y de la psicología pop), que se convierte casi un personaje más de la película. Y es irónico que la historia suceda en una ciudad tan abierta y progresista como San Francisco, el lugar menos esperado para encontrar personas vainas.
Como las vainas, La invasión de los ultracuerpos es una copia, una de otra película, pero en este caso sí supera a la fuente original. Tensa, aterradora, icónica y paranoica. Tan vigente el día de su estreno como a día de hoy. Por eso y mucho más, es una joya de la ciencia ficción. Tras verla, como le sucede a los personajes de la película, no querrás volver a dormir, pero merecerá la pena.

CURIOSIDADES
En una ocasión, Robert H. Solo se encontró con François Truffaut, quien alabó la película y le dijo que si ésta tuviera un final feliz habría sido un gran éxito. Con esa idea el productor realizaría años después un nuevo remake con Secuestradores de cuerpos (1993).
Veronica Cartwright también trabajó en Invasión (2007), otro remake de La invasión de los ladrones de cuerpos (1956).
La escena en la que Elizabeth (Brooke Adams) camina desnuda por la fábrica de vainas se rodó también con la actriz vestida. Esta versión se utilizó en la emisión de la película por la cadena ABC en 1980.
La frase, "Yo nunca he pensado en naves de metal" de Jeff Goldblum, fue improvisada por el actor al rodar la escena.
La noche posterior al estreno de la película, alguien dejó vainas similares a las de la película por las calles de Los Angeles. Algunas personas se asustaron tanto, creyendo que eran reales, que llamaron a la policía.
No hay música acompañando a los créditos finales.
Al comienzo de la película, las esporas alienígenas llegan hasta la Tierra y parecen caer en el edificio Pirámide Transamerica de San Francisco, que era sede de la compañía matriz de United Artists, productora de la película.
Mientras rodaban una de las escenas de persecución, Brooke Adams retó a Donald Sutherland a una carrera a pie. Una vez Kaufman gritó, "¡Corten!," ellos siguieron corriendo. Ganó Adams y eso que llevaba tacones y un vestido.
En un momento de la película Matthew comienza a contar un chiste que nunca termina, el final del mismo es que el capitán del ejército británico dice, "Muchachos, tengo buenas noticias y malas noticias para vosotros. La mala noticia es que no tenemos comida, pero sí mierda de camello. La buena es que hay un montón."
La película ganó los premios Saturn a mejor director (Philip Kaufman) y mejor sonido (Art Rochester, Mark Berger y Andy Wiskes). Además fue nominada en las categorías de mejor película de ciencia ficción, mejor actor (Donald Sutherland), mejor actriz (Brooke Adams), mejor actor secundario (Leonard Nimoy), mejores efectos especiales (Dell Rheaume y Russel Hessey) y mejor maquillaje (Thomas R. Burman y Edouard F. Henriques).
Se le propuso a Jack Finney realizar un cameo en una escena con Leonard Nimoy, pero el escritor rechazó la oferta.
Al principio de la película Donald Sutherland recorta una noticia del periódico que dice, "Webs shroud the Bay Area" (Telas de araña envuelven el área de la bahía). Ese titular es real, no se sabe como, pero sobre la ciudad de San Francisco "llovieron" telas de araña, esto ocurrió una semana antes del inicio del rodaje.
La música del banjo que toca Harry (Joe Bellan) estaba realmente interpretada por Jerry Garcia del grupo Grateful Dead.
El estreno de la película fue precedido por un terrible suceso, un mes antes de que tuviera lugar, se produjo el mayor suicidio colectivo de la historia en Jonestown (Guyana), donde 913 miembros de la secta del "Templo del pueblo" se quitaron la vida. Estas personas habían viajado de San Francisco a este país de América del Sur y el acontecimiento tuvo un gran impacto en la época. Fácilmente se podían crear paralelismos entre lo sucedido y la película (un gran número de personas comportándose de una misma forma, el descontento con la sociedad, la ciudad de San Francisco como punto de unión, etc).

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7 Comments:

Blogger El Demiurgo de Hurlingham said...

La recuerdo bien, la actuación de Leonard Nimoy, la escena final, ese perro terrorífico, el tener que fingir carecer de emociones.
Memorable película

January 29, 2020 1:41 PM  
Blogger Éowyn said...

Yo también la recuerdo. Me impactó muho.
Saludos!

January 30, 2020 6:15 AM  
Blogger Rodi said...

Es una película inolvidable y lo curioso que está un poco olvidada. Tiene momentos terroríficos de esos que una recuerda toda la vida, los gritos de la gente vaina, el perro con cara humana y la escena final.

Muchas gracias Demiurgo de Hurlingham y Éowyn por comentar!

Saludos.

January 30, 2020 10:32 AM  
Blogger Marco said...

La he vuelto a revisionar y es muy entretenida e interesante.Los miedos de los Usa de x aquel entonces y casi de ahora.La primera version la volvere a ver xo creo que esta es superior ya que la otra solo es una pelicula muy de su tiempo y monster movie mas se puede decir.Muchas peliculas iguales de los terrores 50 que no sean de la famosa Hammer
Saludos y buena reseña

February 03, 2020 10:09 AM  
Blogger Rodi said...

Es un film muy interesante y que no pasa de moda. La película de Siegel es como dices tú, un producto más de su época y es menos atemporal, pero merece mucho la pena.

Muchas gracias por comentar!

Saludos.

February 03, 2020 2:40 PM  
Blogger Nippurdelagash said...

La versión de Abel Ferrara tampoco desentona.

February 04, 2020 6:36 AM  
Blogger Rodi said...

La de Ferrara la tengo un poco olvidada, tengo que revisionarla.

Gracias por comentar Nippurdelagash.

Saludos.

February 04, 2020 12:08 PM  

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